Gastronomía Vivir en Nervión

20 bares clásicos para comerse Nervión (I)

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No están todos los que son, pero sí son todos los que están. Para los que vayan buscando bares clásicos sin salir de nuestro distrito, de los que ponen sabores de toda la vida y tienen ese toque añejo que a veces se materializa en carteles de toros en las paredes o en jamones colgados sobre la barra, esta lista es para vosotros. En esta ocasión, nos basamos en la mitad oriental del distrito. Muy pronto, la segunda parte.

Casa Protasio (Cardenal Rodrigo de Castro, 29)

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Casi tan viejo como el barrio de Ciudad Jardín, abrió sus puertas por primera vez en 1934. Aunque muchos lo consideran un lugar en el que subliman los caracoles, el bar es mucho más. Aquí siempre huele a guiso, bien sea de espinacas con garbanzos o de carrillada. Y dos recomendaciones que os hacemos a título personal: uno de los mejores pollos fritos de la ciudad y un tomate con melva que sabe a auténtico tomate, una maravilla.


 

Hermanos Costaleros (Alejandro Collantes 54)

Es uno de los bares de esos en los que parece que la Semana Santa dura todo el año, no en vano su nombre es el que es. Aquí debes venir si buscas comida casera, de esa que te reconcilia con el mundo. Te recomendamos que pidas su serranito, porque te va a encantar. Y una tapa especial: ¡El flamenquín canutero! Con sorpresa de melva en su interior, algo genuino de este local.


 

Casa Guillermo (Rodrigo de la Bastida, 9)

En esta bocacalle de Marqués del Nervión se esconde, literalmente, la taberna que regenta Guillermo. Lleva décadas sin cambiar y ni falta que le hace. Sus tapas son las más clásicas entre las clásicas, con especial mención a algunas que no puedes perderte: un pinchito de pollo que puede que sea de los mejores de la ciudad, un sabroso menudo y, por Dios no te vengas sin probar los boquerones con su toquecito de limón. Si vas, seguro que vuelves.


 

Cervecería Urbión (Urbión)

Nos vamos a salir un poco del distrito para cruzar a El Plantinar. Pero es que esta cervecería lo merece. ¡Qué bien tiran la cerveza en este local de toda la vida! Y si vas a pedir de comer, no lo dudes ni un segundo: pescaíto frito. ¡Que freír es un arte! Y por supuesto no te vengas sin pedirte un plato de mojama o unas gambitas, que son de categoría. Además, en un día de sol su terraza en los soportales te va a secuestrar sin remedio.


 

Casa Ruiz (Carlos de Cepeda, 4)

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Aparte de despachar una de las mejores tostadas con jamón y aceite que puedas comerte en el desayuno, en Casa Ruiz huele a ibérico del bueno. Que no le engañen los del centro de la ciudad, que esta Casa Ruiz fue la primera. Este es el lugar para comer todo lo que viene del cerdo, carnes y embutidos de los mejores cochinos de la sierra de Sevilla y Huelva que aquí pueden llevarte al delirio entre paredes de azulejos.


 

Bodega Guadalquivir (Villegas y Marmolejo, 7)

Escondida entre naranjos con una terraza de suelo de albero, en el corazón de Nervión se encuentra este bar que se basa en la premisa de que la cerveza se acompaña de un montadito. De las combinaciones no os podéis dejar atrás el de gambas con alioli, palometa con queso, salmorejo o el de picadito ibérico. Sin alardes, pero con una de las terrzas más agradables del barrio.


 

Martín Blanco (San Francisco Javier, 15)

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Lleva diez años abierto y siempre a reventar. Esta familia desde el principio sabe lo que se hace y todo lo que se pide en su barra engancha. Los platos que incluyen setas son un delirio, pero sobre todo ese arroz que hacen cada mediodía y que si no te das prisa, te quedas sin él. Hay gente que peregrina hasta aquí por ese arroz. Y si eres un amante de las migas, te van a tener que echar del bar a empujones.


 

Bar Coli (Padre Campelo, 4)

Muchos peregrinan a esta taberna añeja cuando los caracoles empiezan a enseñar sus cuernos al sol. Pero en este bar hay mucho más. Buena noticia a sus visitantes que amen las alitas, que aquí están sabrosas y crujientes. Y no pierdan la oportunidad de catar aquí el salmorejo y el flamenquín, además de una sustanciosa sangre encebollada. Si queréis algo de pescaíto, no lo dudo: boquerones.


 

El Quite (Manuel Casana, 2)

No exageramos si decimos que este lugar, bodeguita de casticismo arrebatador, es el templo del montadito. En su carta habrá unas 40 variedades de montaditos, cada uno con su nombre que se debate entre términos taurinos y toreros. La cocina es bien rápida y los montaditos bien servidos, acompañados de una cerveza muy bien tirada. Si quieren un toque fresquito, tienen unos aliños a considerar.


 

La Despensa der Fede (Beatriz de Suabia, 61)

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Un bodegón con todas las de la ley. Techos altos, algo de oscuridad y un patio interior para llevarnos a la edad dorada de las populosas ventas y los bodegones del Condado sin salir del distrito. Si te decimos que tienen un centenar de tapas caseras no te estamos exagerando. Buenas croquetas, ricos revueltos y un pisto con huevo hecho a fuego lento que es una pasada -además, cualquier carne a la plancha o los chipirones son también buenas opciones-. Y el tamaño de las tapas es muy generoso, así que es un lugar para los estómagos insaciables.

M.P.M.

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