Cultura Semana Santa

David Hurtado: «Mi marcha para La Sed tiene una música trepidante, arrolladora y la fuerza de la juventud»

Pocas dudas hubo en la Hermandad de la Sed cuando se planteó crear una marcha por los 50 años de la corporación. El compositor David Hurtado (38 años) fue el elegido para poner música a esta página de medio siglo de la historia de Nervión. Hemos hablado con él sobre esa obra de estreno, ‘La Sed de Nervión’ que verá la luz este miércoles en un concierto en el hermoso auditorio de Capitanía. Nos adelanta cómo es esa nueva composición, cómo se refleja Nervión en ella y hablamos con él sobre la música procesional en la actualidad.

P. Empecemos por los cimientos. ¿Qué debe tener una marcha procesional?

R. Ante todo que se adecúe a una procesión, porque hoy se está olvidando un poco la funcionalidad de la música y se están escribiendo cosas que parecen prácticamente bandas sonoras. Adaptarte a lo procesional te limita temporalmente y rítmicamente, pero salvando ese hándicap, lo que debe tener es elegancia, profundidad y algo que en Sevilla nos gusta mucho: la gracia. La gracia entendida como unas maneras en el andar.

P. Te adaptas a la identidad de cada hermandad. En el caso de La Sed, ¿cómo se refleja esa identidad en ‘La Sed de Nervión’ y cómo se traduce en música?

R. Lo que siempre me ha gustado de esta hermandad es la fuerza de la juventud. Decía Ruben Darío: “Juventud, divino tesoro, que se va para no volver”. La Sed es una hermandad joven y tiene esa fuerza arrolladora, y también esa belleza de la adolescencia y su empuje. Porque si lo piensas fríamente, lo que hacen cada Miércoles Santo es una cosa titánica. Estar 14 horas en la calle solamente lo puede hacer alguien que tenga esa fuerza. Entonces la música intenta describir todo eso, en la marcha hay una música muy trepidante y he intentado que sea arrolladora como la propia hermandad, todo sin perder la elegancia. La música para Semana Santa siempre tiene que conservar la elegancia para no caer en el espectáculo ni en una exhibición puramente técnica.

P. La Sed no habría sido la hermandad que es hoy sin el barrio de Nervión, y el barrio de Nervión sería distinto si no hubiera visto crecer a La Sed. ¿Hay algo del propio barrio en la marcha?

R. Me gusta mucho el Nervión antiguo, el de las casas señoriales. He querido hacer un guiño a esa parte del barrio sobre todo en la parte del trío de la marcha, con una melodía un poco más sentimental entre comillas, que contrasta con los pasajes más explosivos. Porque además siempre me ha resultado un contraste, esas calles donde está la misma Parroquia de la Concepción en contraposición a las grandes avenidas. Y lo he querido reflejar en la marcha con un momento musical más íntimo.

P. Algunas de tus marchas, como esta, han ido encaminadas a celebraciones. Son el caso de ‘El Amor crucificado’ o ‘Como tú, ninguna’. ¿Cómo es el proceso de arranque de una marcha de ese tipo cuando recibes un encargo o te pones ante el papel en blanco?

R. Tiene que ser una música que describa en cierto modo lo que se está celebrando. Se inicia con un proceso de documentación igual que haría un pintor. Conocer qué se celebra y por qué y alcanzar a comprender las claves de esa efeméride. Cierto es que la música es un lenguaje abstracto, pero se puede predisponer al oyente a lo que va a escuchar.

P. Cada año asistimos a más estrenos de marchas para todo tipo de formaciones musicales. ¿Crees que con esa vorágine la cantidad y la calidad siguen yendo juntas o hay un poco de todo?

R. Claro que no. Hay de todo: bueno, malo y regular. Pero dejando de un lado la calidad, hay algo que me parece negativo y es esa masificación. Aún presuponiendo que todo lo que se estrena es de una calidad excepcional, es imposible que se asimile. Un estreno solapa al otro, y la música necesita un proceso de asimilación, y es imposible que el oyente pueda hacer suya cada obra que se estrena cada año. Es una auténtica barbaridad. Y eso dejando a un lado el tema de la calidad que, obviamente, no todo lo que se estrena es bueno ni mucho menos.

P. Recuerdo un comentario que levantó mucha polémica en una retransmisión televisiva de Semana Santa, en el que cuando sonaban una serie de marchas en Campana se hablaba de ‘Marchas Transilvania’, refiriéndose a las que quizá tienen un corte cinematográfico. ¿Crees que esa música pueda ser heredera de una forma actual de entender el mundo a través del cine o las series, que han desplazado a la música clásica hacia un lado?

R. Es una reflexión muy interesante, y pienso lo mismo. A día de hoy la música clásica como tal no te voy a decir que no exista, pero no hay una línea estética homogénea a nivel global como podía haber en los tiempos de Mozart, Beethoven o en el siglo XIX. Y a día de hoy la música clásica con la que parece que la gente se identifica más es la música de cine. Si tú le preguntas a la gente por un compositor clásico de hoy, o no te dirá ninguno o te dirá John Williams o Hans Zimmer. La influencia de la música clásica que tenían las marchas del siglo XIX hoy ha sido sustituida por la música cinematográfica. Yo es que soy más clásico, y siempre he defendido que no hay por qué echar mano de la música de cine, porque maneja un lenguaje y un código que no tiene mucho que ver con lo que es la Semana Santa.

P. Volviendo a ‘La Sed de Nervión’, ¿qué te gustaría que la gente sintiera cuando suene tu obra en la calle el próximo Miércoles Santo?

R. La juventud, la frescura y el arrebato propias de esa juventud. El otro día en la presentación de los actos en el ayuntamiento dije que deseaba que La Sed no perdiera nunca su juventud. Que cuando en vez de 50 se celebren 500 años siga igual. Porque como decía Picasso, cuesta muchos años llegar a ser joven. Esa fuerza y esa belleza que te deja sin aliento es lo que me gustaría que la gente percibiera.

P. ¿Qué ha dejado huella en tu carrera y en tu obra? ¿De qué influencias bebes, sea música procesional o no?

R. En la música clásica soy también muy clásico: Bach, Beethoven, Mozart. Tengo también una especial predilección por Chopin, un compositor que dedicándose solo al piano está un poco denostado. Sin embargo buena parte de los avances en la armonía que hubo en el XIX y en la primera mitad del XX se le deben en parte a él. Sin Chopin no habría sido posible la figura colosal de Wagner. Y después también me gustan los nacionalistas españoles, Falla y Turina sobre todo. Y en la música procesional, soy muy de Farfán. Considero que es el verdadero genio de la música procesional. En una época en la que casi todo lo que se tocaba eran marchas fúnebres de influencia italianizante o centroeuropea, él se sacó de la chistera ‘La Estrella sublime’ y le dio a todo un giro de 180 grados. También Gámez Laserna y Don Pedro Morales, que creo que es un paradigma de la marcha sevillana.

P. ¿Crees que la banda y la música escrita para ella están un poco desprestigiadas en comparación con la música para orquesta?

R. Sí, sobre todo aquí en Andalucía, donde se identifica a la banda como una formación casi de segunda división. Quizá sea porque las orquestas que hoy conocemos sí son todas profesionales, pero la mayoría de las bandas de música, aunque tienen un nivel altísimo, en su origen son formaciones amateur. Y por el complejo que se tiene de que la música procesional es de segunda fila, pagan los platos rotos las bandas de música. Cuando es una tontería, no hay música mala ni formaciones malas. Depende de lo que toquen y de quién lo toque.

Miguel Pérez Martín

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