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El botellón se hace fuerte en San Bernardo

Pasan las once de la noche del viernes en el reloj. El barrio de San Bernardo está solitario más allá de los bares de la calle Ancha que siguen teniendo gente en la puerta desafiando al frío húmedo cerveza en mano. Avanzando por la calle Tentudía, se oye un bullicio inusual que parece venir del Colegio Parroquial San Bernardo.

Lo primero que pienso es que pueda ser una fiesta de viernes que se haya ido un poco de hora en el colegio, como las que celebraban hasta hace poco las Salesianas de Nervión para sus alumnos las tardes de los viernes. Pero la puerta del colegio está cerrada a cal y canto, y en cuanto avanzas por Tentudía escuchas que la gente que grita está en plena calle.

Al llegar a la esquina con la calle Huestes, donde está el parque infantil de la trasera del Hotel Sevilla Center, nos los encontramos. Una treintena de jóvenes, sin ningún tipo de corte, hacen botellón entre el parque y la acera de esta calle. A grito pelado un grupo de chicas canta «Voy a reír, voy a bailar», parte de una canción de Marc Anthony que se llama ‘Vivir mi vida’. Quizá eso sea lo que quieran los vecinos del primero de esta pequeña calle o los padres que hoy hayan llegado con sus hijos a este parque y se lo hayan encontrado lleno de basura, vivir su vida. No es la primera vez que estos vecinos de San Bernardo nos mandan fotos con la zona de los columpios llena de cristales rotos. (Disculpen el poco ángulo de las fotos, pero es complejo hacer fotos de manera discreta de algo así)

Hace años, el solar de la calle Campamento era un lugar habitual de concentración del botellón. Parecía una zona en la que se molestaba poco, ya que buena parte de los edificios que vemos hoy no existían y además beber en la calle aún no estaba prohibido. Pero desde entonces han llegado nuevos bloques de viviendas y los nuevos juzgados del Edificio Noga. El barrio ha cambiado mucho. Durante años, esta zona se había quedado desierta de jóvenes bebiendo sobre el albero, pero en los últimos meses el movimiento ha vuelto. Y a pesar de ser hoy poco más de las once de la noche ya hay un chaval vomitando en la trasera del edificio de los juzgados asistido por dos amigos.

Al avanzar por la zona de la Buhaira, entrando por Camilo José Cela, vemos que el botellón también ha vuelto a una de las clásicas zonas de antaño. Once y media y otro grupo numeroso de jóvenes bebe en la calle en la plaza peatonal que se encuentra entre las ruinas de la Basílica de Aníbal González y los edificios de viviendas, a la entrada de la calle Arquitecto Balbontín de Orta. Estos se han ocultado algo mejor, tras los soportales de esta calle y sin ser apenas visibles desde las calles principales. Pero en una plaza en la que cientos de familias tienen sus viviendas.

Fernández de Ribera totalmente a oscuras este viernes por la noche.

Más adelante, al cruzar San Francisco Javier, la mitad de Fernández de Ribera y Carlos de Cepeda entera están completamente a oscuras. No hay ni una farola encendida en una zona en la que los vecinos se han llevado años viviendo un infierno con el botellón. Llegaron incluso a colgar pancartas de todos sus balcones denunciando la situación y manifestando su impotencia al Ayuntamiento. Alguna aún resiste, ajada por el paso del tiempo. Al amparo de la oscuridad, ya hay algún grupo de jóvenes empezando a abrir paquetes de hielos y botellas, mientras la única luz de Casa Ruiz ilumina la esquina y dentro los camareros sirven las últimas raciones de la noche antes de cerrar la cocina.

Durante años, Nervión ha sido un lugar del que el botellón se resistía a marcharse, a pesar de la prohibición. Aunque en los últimos meses hemos visto intensificada la presencia policial y las rondas en las que se han requisado «lotes» y se ha multado a jóvenes, parece que esa vigilancia vuelve a no ser suficiente ante el rebrote de esta actividad. Mientras, las comunidades de vecinos y la plataforma por el derecho al descanso siguen pidiendo acciones. A pesar de la regulación de veladores y la vigilancia de los horarios de cierre de locales, el problema sigue ahí. Y descaradamente visible.

M.P.M.

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