Rocío

El Rocío del Cerro y los ángeles del Matadero

¿Conoces el cuento de ‘El flautista de Hamelín’? Los cuentos, al final, son lo que los niños quieren, que para eso son sus legítimos dueños. Y en la mañana en la que el Simpecado del Cerro parte hacia El Rocío, la historia se cuenta al revés. Son los niños con sus flautas los que encandilan a los adultos y los atraen hasta su colegio.

Hola, soy Lucas

Mañana de martes, aulas repletas. El perfil del Matadero sobre el cielo limpio es ya es solo el armazón de un recuerdo industrial. La tinta ha sustituido a la sangre de las reses. Como cada año, la carreta de plata cumple el pacto que un día le hizo a los niños del Colegio Ortiz de Zúñiga, y se presenta ante ellos portando el Simpecado para que sean ellos, y no otros más pomposos ni ilustres, lo que le den el último adiós.

Llega el Simpecado secándose las lágrimas, porque acaba de mirar por última vez las ventanas de su barrio del Cerro del Águila y ya lo echa de menos. Los bueyes respiran profundo al llegar al Matadero, como costaleros después de una salida de rodillas venciendo los límites de la arquitectura de la puerta de un templo. Y allí se detiene la carreta.

Se cierran las rejas del recinto del Matadero. Que aquí el diálogo es solo entre el Simpecado y esos niños tan bien colocados en las escaleras de uno de los edificios más antiguos de Nervión. Y entonces la música habla por ellos. Suena la ‘Salve Rociera’ y los pájaros que ya llevan unas horas despiertos en Ramón y Cajal le hacen los coros. La marisma está donde quiera estar, aunque aquí el Ajolí sea un río de asfalto.

Ojos inquietos de niños que, como pequeños ángeles, vibran con la visita de la hermandad rociera del barrio que selló un pacto entre El Cerro y Nervión, como lo hace la Virgen de los Dolores cada Martes Santo. Que si algo sabe El Cerro es compartir y abrir las puertas a todo el que quiera vivir sus emociones. Tras esa Salve suenan sevillanas, y los niños entonan aquellos cantes aflamencados que se compusieron para la Hermandad del Rocío del Cerro y que son la banda sonora de esta mañana.

En Ramón y Cajal agitan sus crines los caballos y el sol va pidiendo paso para darle brillo a la carreta de plata. Los curiosos somos aquellos privilegiados a los que los niños y los peregrinos permiten ver desde el otro lado de la reja el rito hecho fiesta. Somos curiosos en un momento íntimo.

La carreta parte hacia Alcalde Juan Fernández, La Juncal la espera. Se va marchando, a buen ritmo, porque esta hermandad sabe que su meta es El Rocío y no lucirse gratuitamente. Avanza el Simpecado, la mañana llega a su momento cúspide y el sol castiga. El Cerro camina. Hasta la vuelta os esperamos, vecinos. Que tengáis un gran camino, y llevad a los vecinos de Nervión a las plantas de la Virgen el Rocío,

Miguel Pérez Martín

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