Tribuna abierta

¿Todo bien en Nervión?

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Quizá sea porque nadie ha hablado con las asociaciones de nuestro distrito, quizá porque el tiempo sabemos que probablemente no acompañe. Pero el hecho es que el domingo que viene hay una manifestación de protesta de los barrios periféricos para exigir al ayuntamiento que les oiga, les atienda y solucione los problemas que sufren en el día a día. Y Nervión está totalmente ausente. 

Las 16 asociaciones de barrio que convocan son de la periferia más alejada, pero a veces se nos olvida que nosotros, históricamente, siempre hemos sido periferia. Nuestro barrio más antiguo, San Bernardo, se denominaba arrabal en sus inicios, y en realidad lo sigue siendo. Arrabal concebido como barrio que está fuera de las murallas, expuesto a todo, fuera de la ciudad protegida por altos muros y más desprotegida, desgraciadamente, ante los males que asolan la Sevilla del siglo XXI.

Este domingo, en esa manifestación a la que nadie nos ha convocado (al menos de manera oficial), deberíamos estar pidiendo lo que Nervión necesita. Luchando contra esos jinetes del Apocalipsis que llegaron un día para quedarse y a los que nadie se atreve a plantar cara. Problemas que parece que no suceden en nuestras calles, por los que no hay que reclamar, como ese elefante que está en la habitación pero que nadie admite ver.

Porque no hay demasiados apartamentos turísticos (cientos según Airbnb) que impiden el acceso a trabajadores, jóvenes o familias emergentes a un alquiler que se compatibilice con sus sueldos precarios. Ni San Bernardo está despoblado por los precios o el estado de las viviendas, que al parecer allí solo pueden ser de lujo por estar a un paso del centro. Ni hay casas en Ciudad Jardín que se caen a pedazos ni robos a diario en sus calles.

Tampoco el Mercado de Nervión de Marqués de Pickman se muere con cada vez menos puestos, ni los placeros de Las Palmeritas se han cansado de que su mercado sea provisional desde hace casi 50 años. Tampoco sufrimos la inseguridad en el entorno de Eduardo Dato, donde las ‘mafias’ hacen su agosto con las ventas de segunda mano. Ni vivimos la resurrección del movimiento okupa en las calles más antiguas de Nervión.

Parece que estamos contentos con la situación del tráfico, porque los cláxones se han convertido en la banda sonora de las avenidas del distrito. Nos hemos acostumbrado a que San Roque sea un barrio fantasma y a los accidentes en las intersecciones de Luis Montoto, La Buhaira y Ramón y Cajal. En Nervión no se caen árboles sobre terrazas mientras la gente cena ni la Ronda del Tamarguillo se convierte en un arroyo cada vez que llueve.

¡No tenemos por qué quejarnos! Se nos deja fuera de la mayoría de los grandes eventos culturales, y no nos dejan fuera del Festival de Cine porque tenemos el mejor multisalas de la ciudad. No nos importa que en el antiguo Mercado de la Puerta de la Carne se desvanezcan las promesas ni que la antigua Cárcel de La Ranilla siga vallada a la espera de alguien que reconozca su valor histórico apabullante.

Somos Nervión, ese barrio pijo que ven desde fuera. El de los centros comerciales y las avenidas. No el de las callejuelas donde la gente busca sobrevivir entre casas antiguas donde las familias cuentan los céntimos. No vemos las calles desiertas de San Bernardo, ni las ambulancias que vienen a recoger a los heridos de los accidentes de tráfico de Luis Montoto, ni los tocones de los cientos de árboles que perdieron nuestras calles, ni los edificios regionalistas que se convierten en escombros por capricho de aquellos que ven en un solar la belleza de un edificio impersonal que destruye nuestra historia.

Somos un distrito compuesto de un montón de barrios que deberían estar hartos y que deberían estar en la manifestación de este domingo. Clamando por lo que por derecho nos pertenece. Somos más de 50.000 sevillanos a los que nos venden que vivimos en un distrito de primera pero nos tratan como a uno de tercera. Somos los olvidados por culpa de los prejuicios, los que deben ser pijos con cuentas abultadas y solo son gente normal que intenta, como el resto de la ciudad, seguir adelante.

Somos un trampantojo. Somos una quimera. Somos los únicos que tenemos un restaurante de Estrella Michelín en el barrio, pero que nunca lo hemos pisado, porque el presupuesto no da. Somos Nervión. Somos sus barrios. Y si nosotros no nos movemos, nadie lo hará por nosotros.

Miguel Pérez Martín

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